Estrategias para la prevención de lesiones
Los programas de prevención de caries se han centrado en la enseñanza de técnicas de higiene bucal y en el uso de fluoruros, pero no han sido lo suficientemente priorizadas en incorporar a la dieta y en particular al consumo de azúcares en cantidad y frecuencia como el elemento central. Así, una estrategia fundada en las concepciones actuales de la enfermedad de caries debe apuntar a restringir al máximo el consumo de azúcares, lo que no solo beneficiará la condición bucal, sino que tendrá beneficios en la salud general, especialmente en aquellos adultos mayores que sufren de diabetes y obesidad. Por otra parte, una efectiva prevención debe identificar los factores de riesgo asociados a la enfermedad, de manera individual. Se deben transformar los factores de riesgo presentes en factores protectores. Por ejemplo, si hay una alteración en la saliva (factor de riesgo), se deben implementar medidas como la estimulación mecánica del flujo salival para aumentar el volumen y la acción tamponadora de ácidos, entre otras (factor protector).
La aplicación de fluoruros es parte de las medidas que han mostrado un efecto protector sobre la aparición de lesiones radiculares y deben ser empleados, junto a lo señalado anteriormente, como una de las estrategias mejor validadas para prevenir lesiones de caries en general y lesiones radiculares, en particular. De las múltiples formas disponibles, el clínico debe seleccionar aquellas que sean factibles de ser implementadas y que otorguen máxima protección. Existe una tendencia a indicar un gran número de productos con fluoruros, sin embargo, no resulta lógico “sobreprevenir”. Se debe ser racional y utilizar la evidencia científica en la materia, además de las recomendaciones recientemente emanadas del Ministerio de Salud (MINSAL, 2015). Tomando ambas cosas en consideración y dado el alto riesgo que generalmente tienen los adultos mayores con superficies radiculares expuestas, es recomendable el cepillado dental con el uso de dentífricos de 5.000 ppm de F, al menos 2 veces al día. Adicionalmente y utilizando un metanálisis como sustento, recomendamos una aplicación de barnices fluorurados al 5% o de 22.600 ppm de F (Gluzman et al., 2013), cada 6 meses para personas mayores autovalentes y cada 3 meses para adultos mayores dependientes. No es necesario realizar una profilaxis profesional, pero si remover detritus o excesos de biofilm acumulados sobre las superficies a tratar. Luego de la aplicación del barniz, se debe evitar comer y beber en un período de 2 horas, de ser posible y al retomar la alimentación, que sea de consistencia blanda para evitar eliminar el barniz. Asimismo, es recomendable suspender el cepillado por 24 horas después de la aplicación, ya que hemos demostrado que la capacidad de remineralización se mantiene hasta ese tiempo (Giacaman et al., 2017). Dentro de las indicaciones, hay evidencia que muestra que una aplicación anual con fluoruro diamino de plata (SDF) al 38% es también de primera elección, sin embargo, presenta el riesgo de generar tinciones oscuras en zonas desmineralizadas (Gluzman et al., 2013). Los fluoruros sirven adicionalmente para detener lesiones de caries activas existentes. En ese sentido, un estudio clínico controlado randomizado de nuestro grupo mostró una alta efectividad en inactivar lesiones de caries radicular en adultos mayores que utilizaron dentífricos fluorurados de 5.000 ppm F, 2 veces al día y fueron autoadministrados durante un año (León et al., 2017). El SDF también se ha mostrado eficiente en detener lesiones además de prevenirlas, sin embargo las tinciones oscuras no han logrado ser eliminadas, sino solo retardadas (Hendre et al., 2017). Es importante enfatizar que es el clínico quien debe ponderar los factores de riesgo de su paciente, de manera individual y modificar el protocolo que proponemos como base.